Me buscás entre historias sencillas, para mantenerte siempre al margen de lo que considerás muy voraz, peligroso. Me vivís a medias, como si vivirme de cerca quemara. Yo sé que quemo, pero vos no lo sabés, vos ni me ves.
Me estorbás por ratitos, solo cuando te ataca alguna gota de dulzura de las que estás lleno, y no querés compartir. Yo me envuelvo en tus remolinos cuando tengo la dicha de sentirlos, pero se van tan rápido.
Me sentís apenas, apenas rozando. Te me desbalanceás tal vez por un instante, me regalás algún brillo pupilar, durante el instante siguiente. Pero amanece, y te fuiste.
Y yo me entumo, me distorsiono, exploto. Todo hacia adentro. Sólo a veces, si tocás mientras la bomba está inflamada al máximo, es que la escuchás reventar.
Yo me aguanto, me olvido. Le quito peso, camino. Nada pasa, ¿no?
Vos te aburrís, y volvés. A pasar el tiempo, tal vez. A disfrutar de mis manos temblando cuado me volteás a ver como si quisieras abrazarme toda la noche. Y al final no era más que media noche, mientras duren los tragos, las risas, y alguno de esos temas que tanto odiás.
A mí nunca me han importado las seriedades, las ataduras. Yo nunca había deseado sentarme por mucho rato, pues es cansado, ¿sabés? Pero hablar con vos a veces es tan volátil, aunque haya silencio. Después de mucha cabeza, creo que es más la mirada triste y descompuesta que llevás como si fuera tu cruz, que tus palabras. Nunca te podés expresar bien, de por sí.
Pero tus remolinos te los guardás, y yo que con gusto te los hubiera llevado. A pasear, nada más. Vos me etiquetás como alguna de esas figuras femeninas por las que has pasado y otra vez termino metida en alguna caja diminuta de madera con millones de personas más.
Pero yo no soy un sweater en un gancho, y vos no sabés escuchar.
Al final volvés solo para dejarme doliendo, con las ganas que tenía de viajar en alguno de tus remolinos por unos días, y conocer alguno de los paisajes que te gusta visitar. Sin tu mano, solo a la par.
Venís por unos segundos a levantarme las ganas cuando ya están muriendo, para después pisotearlas como si nada pasara, para dejarme de nuevo atormentada, cansada.
Pero yo no soy un perro callejero al que alimentás cuando te da la gana.
Yo no soy tu tal vez.
Ni tu salida de vez en mes.
Ni tu compañía cuando ves que tu tristeza no te cabe en los hombros, y que necesitás respirar.
Yo no quiero ser el sueño que ya no tenés, la meta que no vas a cumplir, las ganas que no existen, ni el remedio momentáneo para tu corazón roto.
Me niego.
ART
Es que yo no quería tus cadenas, sino tus remolinos.
Jan 4, 2016
Dec 9, 2015
Break free
La palabra libertad ha sido bastante prostituida, confundida, malentendida, y bueno, pues subjetivizada como tantas otras definiciones en las que nos es tan difícil encontrar puntos medios. Para mí, la cárcel en la que vive la humanidad la hemos creado por tantos siglos ya, y parece que cada vez nos atascamos más.
Mi libertad ha sido siempre condicionada, desde el problema eterno de todo ser humano de enfrentarse con un mundo ya construido, pasos ya hechos que hay que repetir, hasta la dificultad emocional de limpiarse de los demás, de las expectativas, las rutinas, la necesidad de sobrevivir con algo tan básico como el hecho de que tenemos que alimentarnos, pero llegando aún más allá con la dificultad de teñirse de azul en un tumulto lleno de amarillo. Pero yo quiero ser azul.
Mis deseos se han visto, entonces, modificados tantas veces. La mayoría del tiempo he querido pensar que ha sido mi crecimiento y mis decisiones de acuerdo a experiencias el cambiar unos sueños por otros, el dejar algunas ideas atrás, e ir creando nuevas. Sin embargo, no es así. Y lo más difícil de aceptar es que hay una dualidad tan grande adentro entre querer tener una vida como se nos pinta desde siempre: Una casa, un medio de transporte, independencia con el tiempo suficiente para disfrutar la vida y mucha felicidad, que suponemos es causada por todas las anteriores. Sin entrar en detalles de superficialidad, sino dando por sentado que hablamos de un ser humano con sentido común y una profunda empatía con su propia emocionalidad, no se trata de cuestiones materiales o de dinero, se trata de sueños, de aspiraciones y de planes a futuro creados a base de estos.
Mi sueño de tener una ONG para salvar al mundo debió convertirse en un plan formado de qué tipo de organización quería crear, y en cambio se convirtió después en el deseo incontrolable de ser independiente, de tener una sala y una cocina propia y el dinero para mantenerla y embellecerla, y por supuesto tener los placeres nocturnos para disfrutar en buena compañía. En base a esto trabajé en una empresa reconocida, de esas llenas de gente disfrazada de seriedad, con sus sacos y corbatas, fingiendo que saben algo de la vida. Al ver que la cosa no iba por buen camino, y trabajar en cuestiones tan triviales como un contrato era lo más aburrido que había vivido, traté de enfocarme en la parte académica, estudiar hasta más no poder y ser algún genio de la intelectualidad, que llaman. Poco a poco me fui decepcionando de cada detalle del sistema educativo actual y de la mediocridad de nuestras exigencias a la inteligencia, y también cambié ese sueño.
Hoy, llevo años enfocada en una multitud de cosas, buscando el equilibrio que tanto he querido entre trabajo y estudio, independencia y crecimiento emocional, siempre buscando que a punta de obligación y un esfuerzo sobrenatural de hacer cosas que no me gustan, como buena caprichosa, pueda conseguir ese pedazo de cartón que le dan a uno, haciéndole creer la enorme mentira de que ese papel te prepara para ser un profesional, hecho y derecho. Pero ese es otro tema. El otro lado de mi balanza es mi laboralidad, el gran aprendizaje que he tenido de llevar 6 años trabajando, la mitad de esos en un lugar que me ha brindado las mejores oportunidades y donde he logrado acomodar mis ideas un poquitito más y sentir que crezco, sentir que por fin aprendo y me muevo, aún no tengo idea de para adónde, pero me muevo.
Mi estado actual pasó, por ende, a una comodidad similar a la de un viaje "todo pago". Camino cada mañana a un lugar lleno de amor, de cosas que hacer, de grandes retos y enseñanzas acompañadas de diversión, donde he tenido el honor de tener un impacto directo sobre otros seres humanos y ayudarles a crecer, aunque sea en medidas pequeñas, pero siempre gratificantes. Y este se ha convertido mi confort zone, en un cuadrito del que no he salido, porque no hay nada más cómodo que estar de vacaciones. Yo siento que estoy de vacaciones de mis propias ideas, y me entretengo realizando cosas que sí, me gustan, pero que no se acercan a lo que el corazón me dice que quiere hacer.
Ahora, me siento como un zombie, como todos aquellos que trabajan y estudian y luego leen un periódico y sacan a pasear al perro, y luego duermen o tal vez ven una película. Es que yo quiero azul. Nunca me he sentido cómoda en este disfraz de aguantar los años y sobrevivirlos, en vez de vivirlos. Y todo estaría bien si el saco y la corbata fueran para ir todas las mañanas a mi ONG, ¿entienden? Todo es diferente cuando el músico trabaja todos los días para montar su concierto a final de mes, sería otra historia si yo me levantara en las mañanas a construir una escuela en algún pueblito, o si estuviera por fin recolectando mis tantos escritos acumulados para volver a aburrir al mundo con la Punta de la Nariz. Pero no.
Entonces, no hoy, pero mañana (y con mañana me refiero a algo bien literal) me dirijo a romper la reja de mi cárcel, donde me siento como una pantera viviendo en un zoológico, y me encamino a conocer, entender, y sobre todo vivir, la libertad. El pánico y la adrenalina que siento al pensar que pronto me arrancaré cada cadena de mi cuerpo y podré levantarme y realmente hacer lo que quiero, cueste lo que cueste, aunque sean cien cosas a la vez, aunque tenga que cambiar de opinión de nuevo y volver a empezar, pero que sea mío. Una libertad mía, un quiebre de normalidad para recuperar mi azul interno y vestirlo por fuera también. Quebrar la idea de que solo los adolescentes pueden usar un mohawk, o andar en patineta, y conforme uno crece se adapta a la tonta rutina de ser menos sobresaliente, de comenzar a unirse a la línea de patrones mundiales como si esto fuera una competencia de quien puede parecerse más a quien, una sociedad de clones.
Yo no quiero ser un adulto con saco y corbata, yo no quiero tener un trabajo estable que me deje echarme las birras en la noche y tener una jornada fija al día siguiente, acumular unos días de vacaciones para pensar que un par de noches en la playa relajan el cuerpo (todos sabemos que no sirven pa' nada). Yo quiero vivir mi sueño con las lágrimas que conlleve, yo quiero que mis sacrificios en cosas que no me son placenteras sean para lograr otras que realmente me hagan brillar de emoción, yo quiero recuperar mis sueños de reconstruir pueblos en África y quiero llevarlos a cabo, no dejarlos en alguna fantasía infantil de las que recordamos viejos y compartimos porque nos devuelven la ilusión por instantes.
Yo quiero pintarme el pelo de colores a los 80 años si me da la gana (y si llego), y quiero caminar por países desconocidos buscando inspiración para un nuevo libro. Quiero hacer voluntariados y humanizarme con ellos para recordar que las paredes de un edificio jamás se van a comparar con lo que hay afuera de esos ventanales, incluso a la vueltita de la esquina. Y sobretodo quiero recordar que la presión del pensamiento generalizado y del movimiento en masa no es más fuerte que mis propias emociones y mis propias metas, y que puedo ser, y hacer, lo que quiera.
Y una vez más, imaginándonos un mundo lleno de amarillo, yo quiero azul.
ART
Mi libertad ha sido siempre condicionada, desde el problema eterno de todo ser humano de enfrentarse con un mundo ya construido, pasos ya hechos que hay que repetir, hasta la dificultad emocional de limpiarse de los demás, de las expectativas, las rutinas, la necesidad de sobrevivir con algo tan básico como el hecho de que tenemos que alimentarnos, pero llegando aún más allá con la dificultad de teñirse de azul en un tumulto lleno de amarillo. Pero yo quiero ser azul.
Mis deseos se han visto, entonces, modificados tantas veces. La mayoría del tiempo he querido pensar que ha sido mi crecimiento y mis decisiones de acuerdo a experiencias el cambiar unos sueños por otros, el dejar algunas ideas atrás, e ir creando nuevas. Sin embargo, no es así. Y lo más difícil de aceptar es que hay una dualidad tan grande adentro entre querer tener una vida como se nos pinta desde siempre: Una casa, un medio de transporte, independencia con el tiempo suficiente para disfrutar la vida y mucha felicidad, que suponemos es causada por todas las anteriores. Sin entrar en detalles de superficialidad, sino dando por sentado que hablamos de un ser humano con sentido común y una profunda empatía con su propia emocionalidad, no se trata de cuestiones materiales o de dinero, se trata de sueños, de aspiraciones y de planes a futuro creados a base de estos.
Mi sueño de tener una ONG para salvar al mundo debió convertirse en un plan formado de qué tipo de organización quería crear, y en cambio se convirtió después en el deseo incontrolable de ser independiente, de tener una sala y una cocina propia y el dinero para mantenerla y embellecerla, y por supuesto tener los placeres nocturnos para disfrutar en buena compañía. En base a esto trabajé en una empresa reconocida, de esas llenas de gente disfrazada de seriedad, con sus sacos y corbatas, fingiendo que saben algo de la vida. Al ver que la cosa no iba por buen camino, y trabajar en cuestiones tan triviales como un contrato era lo más aburrido que había vivido, traté de enfocarme en la parte académica, estudiar hasta más no poder y ser algún genio de la intelectualidad, que llaman. Poco a poco me fui decepcionando de cada detalle del sistema educativo actual y de la mediocridad de nuestras exigencias a la inteligencia, y también cambié ese sueño.
Hoy, llevo años enfocada en una multitud de cosas, buscando el equilibrio que tanto he querido entre trabajo y estudio, independencia y crecimiento emocional, siempre buscando que a punta de obligación y un esfuerzo sobrenatural de hacer cosas que no me gustan, como buena caprichosa, pueda conseguir ese pedazo de cartón que le dan a uno, haciéndole creer la enorme mentira de que ese papel te prepara para ser un profesional, hecho y derecho. Pero ese es otro tema. El otro lado de mi balanza es mi laboralidad, el gran aprendizaje que he tenido de llevar 6 años trabajando, la mitad de esos en un lugar que me ha brindado las mejores oportunidades y donde he logrado acomodar mis ideas un poquitito más y sentir que crezco, sentir que por fin aprendo y me muevo, aún no tengo idea de para adónde, pero me muevo.
Mi estado actual pasó, por ende, a una comodidad similar a la de un viaje "todo pago". Camino cada mañana a un lugar lleno de amor, de cosas que hacer, de grandes retos y enseñanzas acompañadas de diversión, donde he tenido el honor de tener un impacto directo sobre otros seres humanos y ayudarles a crecer, aunque sea en medidas pequeñas, pero siempre gratificantes. Y este se ha convertido mi confort zone, en un cuadrito del que no he salido, porque no hay nada más cómodo que estar de vacaciones. Yo siento que estoy de vacaciones de mis propias ideas, y me entretengo realizando cosas que sí, me gustan, pero que no se acercan a lo que el corazón me dice que quiere hacer.
Ahora, me siento como un zombie, como todos aquellos que trabajan y estudian y luego leen un periódico y sacan a pasear al perro, y luego duermen o tal vez ven una película. Es que yo quiero azul. Nunca me he sentido cómoda en este disfraz de aguantar los años y sobrevivirlos, en vez de vivirlos. Y todo estaría bien si el saco y la corbata fueran para ir todas las mañanas a mi ONG, ¿entienden? Todo es diferente cuando el músico trabaja todos los días para montar su concierto a final de mes, sería otra historia si yo me levantara en las mañanas a construir una escuela en algún pueblito, o si estuviera por fin recolectando mis tantos escritos acumulados para volver a aburrir al mundo con la Punta de la Nariz. Pero no.
Entonces, no hoy, pero mañana (y con mañana me refiero a algo bien literal) me dirijo a romper la reja de mi cárcel, donde me siento como una pantera viviendo en un zoológico, y me encamino a conocer, entender, y sobre todo vivir, la libertad. El pánico y la adrenalina que siento al pensar que pronto me arrancaré cada cadena de mi cuerpo y podré levantarme y realmente hacer lo que quiero, cueste lo que cueste, aunque sean cien cosas a la vez, aunque tenga que cambiar de opinión de nuevo y volver a empezar, pero que sea mío. Una libertad mía, un quiebre de normalidad para recuperar mi azul interno y vestirlo por fuera también. Quebrar la idea de que solo los adolescentes pueden usar un mohawk, o andar en patineta, y conforme uno crece se adapta a la tonta rutina de ser menos sobresaliente, de comenzar a unirse a la línea de patrones mundiales como si esto fuera una competencia de quien puede parecerse más a quien, una sociedad de clones.
Yo no quiero ser un adulto con saco y corbata, yo no quiero tener un trabajo estable que me deje echarme las birras en la noche y tener una jornada fija al día siguiente, acumular unos días de vacaciones para pensar que un par de noches en la playa relajan el cuerpo (todos sabemos que no sirven pa' nada). Yo quiero vivir mi sueño con las lágrimas que conlleve, yo quiero que mis sacrificios en cosas que no me son placenteras sean para lograr otras que realmente me hagan brillar de emoción, yo quiero recuperar mis sueños de reconstruir pueblos en África y quiero llevarlos a cabo, no dejarlos en alguna fantasía infantil de las que recordamos viejos y compartimos porque nos devuelven la ilusión por instantes.
Yo quiero pintarme el pelo de colores a los 80 años si me da la gana (y si llego), y quiero caminar por países desconocidos buscando inspiración para un nuevo libro. Quiero hacer voluntariados y humanizarme con ellos para recordar que las paredes de un edificio jamás se van a comparar con lo que hay afuera de esos ventanales, incluso a la vueltita de la esquina. Y sobretodo quiero recordar que la presión del pensamiento generalizado y del movimiento en masa no es más fuerte que mis propias emociones y mis propias metas, y que puedo ser, y hacer, lo que quiera.
Y una vez más, imaginándonos un mundo lleno de amarillo, yo quiero azul.
ART
Dec 2, 2015
Torbellinos
Son como agujeros retorcidos en la cama, tal vez alguna pesadilla sobre insectos en mi cuerpo, alguna de esas incomodidades en las que creés que tenés una basura en el ojo y después de horas de intentar sacarla te das cuenta que no hay nada ahí.
Son como torbellinos de bipolaridades de las cuales no puedo escapar, y esto va mucho más allá de algún arranque de mal humor.
Son como respuestas tan borrosas que no logro leerlas con claridad, ni aunque estén en mi propia mente, como una pregunta en el examen que uno sabe que vio en la página 33 del libro a mano derecha, pero no logra recordarlo.
Son como torbellinos revoltosos en todo momento, y en un sólo día pueden pasar de un rosado pastel a un negro matte intenso. En todo este tiempo he tratado de estabilizar alguna de las miles explicaciones racionales, y aún así se me van volando de las manos, se me escurren, no se detienen.
Son como revelaciones nocturnas de alguna insatisfacción pasada, o incluso imaginaciones de cuestiones futuras, de posibilidades, de cuestiones inexistentes aún.
Son como preguntas duplicadas al segundo que se convierten en algún remolino, de absolutamente nada.
Son torbellinos que ya no puedo calmar.
ART
Esto son mis emociones.
Mi ansiedad nunca se había visto tan materializada. Escribí esto en 1 minuto.
Son como torbellinos de bipolaridades de las cuales no puedo escapar, y esto va mucho más allá de algún arranque de mal humor.
Son como respuestas tan borrosas que no logro leerlas con claridad, ni aunque estén en mi propia mente, como una pregunta en el examen que uno sabe que vio en la página 33 del libro a mano derecha, pero no logra recordarlo.
Son como torbellinos revoltosos en todo momento, y en un sólo día pueden pasar de un rosado pastel a un negro matte intenso. En todo este tiempo he tratado de estabilizar alguna de las miles explicaciones racionales, y aún así se me van volando de las manos, se me escurren, no se detienen.
Son como revelaciones nocturnas de alguna insatisfacción pasada, o incluso imaginaciones de cuestiones futuras, de posibilidades, de cuestiones inexistentes aún.
Son como preguntas duplicadas al segundo que se convierten en algún remolino, de absolutamente nada.
Son torbellinos que ya no puedo calmar.
ART
Esto son mis emociones.
Mi ansiedad nunca se había visto tan materializada. Escribí esto en 1 minuto.
Nov 17, 2015
Tu aroma
Entre los caminos y las sustancias
y las risas y los besos,
entre las miradas desesperadas,
y las amontonadas,
te agarré la mano
como niña perdida
esperando que la espera
valga la pena
esperando
que no me fallen las ganas,
que no te me vayas.
Mientras pienso y me vuelco
y me enredo y regreso,
mientras me asusto
pero me quedo
me pregunto si tu piel entiende
mi afición con ella
y si tu mente me ve
entre tantas estrellas
me pregunto si tus labios me penetran
como tu tez.
Entre las palabras y las historias
y las distorciones y los arranques
entre conocerte y entenderme
y sobretodo
quererte, quererme,
te abracé como si supiera,
y me inventé la seguridad
de que mi adicción a tu aroma
es algo más.
Te cedí los pedazos que me quedan
como quien gana una medalla de oro
como quien llega a alguna meta
no sé si por ganas
si por sueño
o realidad.
Mientras alucino y parpadeo
y me enojo y te quiero
en esta maraña de emociones
que no entiendo,
espero que tu aroma se me quede
hasta el fin,
que se me impregne
en la punta de mi nariz.
Que te quedés conmigo
en esta esquina adormecida
en alguna escritura
tan tuya y tan mía,
para luego brindar.
Y que vos y yo se convierta
en una palabra unísona
en un molde de paz,
que tu aroma sea mío
para no delirar.
ART
¡Como te voy a extrañar!
y las risas y los besos,
entre las miradas desesperadas,
y las amontonadas,
te agarré la mano
como niña perdida
esperando que la espera
valga la pena
esperando
que no me fallen las ganas,
que no te me vayas.
Mientras pienso y me vuelco
y me enredo y regreso,
mientras me asusto
pero me quedo
me pregunto si tu piel entiende
mi afición con ella
y si tu mente me ve
entre tantas estrellas
me pregunto si tus labios me penetran
como tu tez.
Entre las palabras y las historias
y las distorciones y los arranques
entre conocerte y entenderme
y sobretodo
quererte, quererme,
te abracé como si supiera,
y me inventé la seguridad
de que mi adicción a tu aroma
es algo más.
Te cedí los pedazos que me quedan
como quien gana una medalla de oro
como quien llega a alguna meta
no sé si por ganas
si por sueño
o realidad.
Mientras alucino y parpadeo
y me enojo y te quiero
en esta maraña de emociones
que no entiendo,
espero que tu aroma se me quede
hasta el fin,
que se me impregne
en la punta de mi nariz.
Que te quedés conmigo
en esta esquina adormecida
en alguna escritura
tan tuya y tan mía,
para luego brindar.
Y que vos y yo se convierta
en una palabra unísona
en un molde de paz,
que tu aroma sea mío
para no delirar.
ART
¡Como te voy a extrañar!
Oct 26, 2015
Entre tanto
Me suponía hecha y derecha, entre paredes construidas con mis propias manos, en una constante remodelación de vida, pero siempre vida, creada, mía. Entre los cuadritos del suelo no he logrado decidir si quiero líneas o liso, si me inclino por cafés o grises, o si me lanzaré a algún alocado extremo de negros y rojos.
Me veía sosteniendo una fe natural, no religiosa, que cada vez cobraba más forma dentro de mi cabeza, y al final eso era suficiente. Un poco de constancia espiritual para llenarse los días de aire puro y algo de fuerza; el cuerpo siente los años. Entre mis esperanzas emocionales siempre estaba la de conectarme con mis estrellas, mis enlaces, mis antenas; hacerlas conscientes.
Me hacía con toda la serenidad que podía, y me re-hacía con toda la confianza que lograba proyectar, aunque en el fondo hubiera un torbellino de enredos, saludos y despidos, de tanta maraña, tanta discordia, tanto disconfort conmigo misma y tanta pero tanta culpa. Pero yo me hacía, yo decía, yo caminaba y yo sonreía.
Me suponía realizada, esclarecida, grande. Aunque en el fondo, sólo quería hacerme pequeñita y esconderme en algún bolsillo, y justo de ese tamaño me sentía, capaz de entrar en el zipper pequeño de la billetera, en cualquier agujero de un sweater viejo. Me sentía tan bajita para la altura de mi cruz, pero yo me creaba más grande que mis alas y seguía.
Me creía fuente de luz, para no apagarme. Un fuego abismalmente iluminado, fuego de amanecer, de sol y estrellas, de fogata con marshmellos, de calor y música, de felicidad. Y frente a la dificultad de creerme capaz de bien, yo quería tomar el camino de quien me quiso.
Me suponía decidida e independiente, y cada día me construía para no ser nada menos que eso. Una torre de chispas, una estructura antigüa, tal vez un trueno. Y entre tanta suposición, cada vez que caigo me cuesta más suponerme y construirme de cero, si en el fondo soy también una ruina de sacrificios llena de gradas por las que rodaron tantas vidas.
Me creaba a cada instante, en la búsqueda de volver realidad la aspiración, y por allá la luna llena me recuerda que no soy inmune a su dolor, y que las marcas que quedan no se pueden olvidar, ni se pueden superar. Por allá mi cicatriz me dolerá cada vuelta al sol cuando al cielo le de la gana; y en vez de crearme diferente, tal vez sea mejor verme.
ART
Entre tanto estruendo, me faltó volver a ver pa' dentro.
Me veía sosteniendo una fe natural, no religiosa, que cada vez cobraba más forma dentro de mi cabeza, y al final eso era suficiente. Un poco de constancia espiritual para llenarse los días de aire puro y algo de fuerza; el cuerpo siente los años. Entre mis esperanzas emocionales siempre estaba la de conectarme con mis estrellas, mis enlaces, mis antenas; hacerlas conscientes.
Me hacía con toda la serenidad que podía, y me re-hacía con toda la confianza que lograba proyectar, aunque en el fondo hubiera un torbellino de enredos, saludos y despidos, de tanta maraña, tanta discordia, tanto disconfort conmigo misma y tanta pero tanta culpa. Pero yo me hacía, yo decía, yo caminaba y yo sonreía.
Me suponía realizada, esclarecida, grande. Aunque en el fondo, sólo quería hacerme pequeñita y esconderme en algún bolsillo, y justo de ese tamaño me sentía, capaz de entrar en el zipper pequeño de la billetera, en cualquier agujero de un sweater viejo. Me sentía tan bajita para la altura de mi cruz, pero yo me creaba más grande que mis alas y seguía.
Me creía fuente de luz, para no apagarme. Un fuego abismalmente iluminado, fuego de amanecer, de sol y estrellas, de fogata con marshmellos, de calor y música, de felicidad. Y frente a la dificultad de creerme capaz de bien, yo quería tomar el camino de quien me quiso.
Me suponía decidida e independiente, y cada día me construía para no ser nada menos que eso. Una torre de chispas, una estructura antigüa, tal vez un trueno. Y entre tanta suposición, cada vez que caigo me cuesta más suponerme y construirme de cero, si en el fondo soy también una ruina de sacrificios llena de gradas por las que rodaron tantas vidas.
Me creaba a cada instante, en la búsqueda de volver realidad la aspiración, y por allá la luna llena me recuerda que no soy inmune a su dolor, y que las marcas que quedan no se pueden olvidar, ni se pueden superar. Por allá mi cicatriz me dolerá cada vuelta al sol cuando al cielo le de la gana; y en vez de crearme diferente, tal vez sea mejor verme.
ART
Entre tanto estruendo, me faltó volver a ver pa' dentro.
Oct 16, 2015
Mas allá
Más allá de mis manos
hay un mundo olvidado,
guardado,
escondido entre recuerdos
y amontonado en sus propias tripas.
Entre sus tantos materiales
inservibles
se encuentran deseos incontrolables,
metas incompletas
y frases a medias.
Más allá de mis ojos
hay un alma inhabitada,
desahuciada,
en el mismo escondite por tantos años
sin siquiera hacer el intento
de salir,
no al desnudo.
Y entre sus tantos matices de aura,
azules y rojos por doquier,
hay incluso gris y blanco
buscando rendijas
para aparecer.
Más allá de mis decisiones,
tan malas,
hay una mente
que sabe que debe perder,
para aprender.
Entre las alineaciones tan aceleradas,
laberintosas
y complejas de esos pensamientos,
hay más de un resultado atrapado,
que algún día entenderé.
Más allá de mis palabras
hay un remolino de sentimientos
que jamás podrán ser dichos,
que no se pronunciarán,
que no evocarán sonido,
ni siquiera musical.
Y de todas las emociones revueltas
que trabajan todos los días
para bombear el alma;
porque así quiero creer que es;
siempre voy a escoger:
la pasión incierta,
que me hace sentir hasta las venas
la vida que me rodea.
ART
Un poco del más allá para recordanos que somos más que lo terrenal.
hay un mundo olvidado,
guardado,
escondido entre recuerdos
y amontonado en sus propias tripas.
Entre sus tantos materiales
inservibles
se encuentran deseos incontrolables,
metas incompletas
y frases a medias.
Más allá de mis ojos
hay un alma inhabitada,
desahuciada,
en el mismo escondite por tantos años
sin siquiera hacer el intento
de salir,
no al desnudo.
Y entre sus tantos matices de aura,
azules y rojos por doquier,
hay incluso gris y blanco
buscando rendijas
para aparecer.
Más allá de mis decisiones,
tan malas,
hay una mente
que sabe que debe perder,
para aprender.
Entre las alineaciones tan aceleradas,
laberintosas
y complejas de esos pensamientos,
hay más de un resultado atrapado,
que algún día entenderé.
Más allá de mis palabras
hay un remolino de sentimientos
que jamás podrán ser dichos,
que no se pronunciarán,
que no evocarán sonido,
ni siquiera musical.
Y de todas las emociones revueltas
que trabajan todos los días
para bombear el alma;
porque así quiero creer que es;
siempre voy a escoger:
la pasión incierta,
que me hace sentir hasta las venas
la vida que me rodea.
ART
Un poco del más allá para recordanos que somos más que lo terrenal.
Oct 15, 2015
Now that you're leaving
Running in circles like if there's a different line, I'm starting to believe I was wrong all along. But life is about that, isn't it? Being wrong without understanding why or how, and then dropping off in the middle of the highway cause there's nothing else to catch. Under the blankets that I thought were yours, I realize maybe we don't even know what we were looking for. And besides all the pain and the struggle, I still believe, even while I let you go and watch you leave, I believe there was something so worthy between you and me.
Trying to understand what can I fix to make this work, I'm starting to see that maybe you were never here, never with me. Maybe I was under the illusion that by feeling your soul the way I know I did from the first time, it would be enough to stand up, and fight. Now that I lose again while looking for my way out, I wish I could offer you all the smiles I saved.
And now that you go, and it hurts to the bones, I'll stay here with my broken illusions, maybe my lies, and my constant believe, in you and I.
ART
I'll believe, even while you leave.
Trying to understand what can I fix to make this work, I'm starting to see that maybe you were never here, never with me. Maybe I was under the illusion that by feeling your soul the way I know I did from the first time, it would be enough to stand up, and fight. Now that I lose again while looking for my way out, I wish I could offer you all the smiles I saved.
And now that you go, and it hurts to the bones, I'll stay here with my broken illusions, maybe my lies, and my constant believe, in you and I.
ART
I'll believe, even while you leave.
Oct 9, 2015
Sep 26, 2015
Mis pasos
Entre mis pasos suburbanos y cautelosos, me reuní con alguna espina dorsal en medio de la noche, para recordarte. En la ciudad había más dificultades de comunicación de las que ya de por sí tenía, recordándome que el dominio de las palabras no es nada en este espacio tan indescriptible e inexpresable.
Ojalá pudiera mostrarte un camino al fondo de tu propia pupila, para que entendieras su matiz, pero el mundo gira muy despacio; y yo, pues giro con él.
Entre mis pasos calcinados y aburridos, te recordé. Se me hizo más grande la calle y me encogí como un niño abandonado, pensando que nuestra triste suerte no es más que polvo acumulado, del que no se va.
Al final, algún bar tendrá las suficientes botellas para sostenernos las ideas, y entre lo monótono del alma vieja, te recordaré aún sonriendo, como si de algo valiera.
ART
Las sonrisas son bien mentirosas, pero aún así las quiero.
Sep 15, 2015
Una poesía
Entre estas palabras enredadizas que me regalás día con día, me he apresurado a sentirlas por si mañana se van. Cuando me encuentro algo perdida entre tantas acciones repetidas, me sumerjo en la ilusión de lo que, espero, vendrá. Y después de los subibajas que han sido nuestros encuentros, me pregunto cómo sería un día con tu presencia, con tu olor, con la compañía de tus palabras entre las mías.
Entre tantas frases que nos hemos dicho me da por encontrar una que otra utopía disfrazada de realidad, una que otra palabra que dijo algo y tal vez en realidad quería decir otra cosa. Después de tantos laberintos desenredados me es complicado perseguir una sola luz, y eso es lo que más me encanta. Entre tus palabras y las mías tal vez se forman sustancias desconocidas aún, tal vez podamos regalarnos más palabras, y yo te pueda dar una poesía.
Entre tantas frases que nos hemos dicho me da por encontrar una que otra utopía disfrazada de realidad, una que otra palabra que dijo algo y tal vez en realidad quería decir otra cosa. Después de tantos laberintos desenredados me es complicado perseguir una sola luz, y eso es lo que más me encanta. Entre tus palabras y las mías tal vez se forman sustancias desconocidas aún, tal vez podamos regalarnos más palabras, y yo te pueda dar una poesía.
ART
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